Miércoles, 21 de octubre, 2026
  • Hospital Avellaneda
  • Sarita recuperó la movilidad de su brazo gracias al trabajo interdisciplinario

    21 Oct 2026 18:27
    Sarita, la niña oriunda de Tapia, fue diagnosticada con parálisis braquial obstétrica a los pocos días de nacer. Tras años de rehabilitación, una intervención quirúrgica y el acompañamiento permanente de su familia y de un equipo de profesionales del sistema público de salud, hoy lleva una vida plena, sin limitaciones.

    La niña oriunda de Tapia, fue diagnosticada con parálisis braquial obstétrica a los pocos días de nacer. Tras años de rehabilitación, una intervención quirúrgica y el acompañamiento permanente de su familia y de un equipo de profesionales del sistema público de salud, hoy lleva una vida plena, sin limitaciones.

    Sarita, la niña oriunda de Tapia, fue diagnosticada con parálisis braquial obstétrica a los pocos días de nacer. Tras años de rehabilitación, una intervención quirúrgica y el acompañamiento permanente de su familia y de un equipo de profesionales del sistema público de salud, hoy lleva una vida plena, sin limitaciones.

    La historia de Sarita López es un ejemplo de cómo la atención oportuna, la rehabilitación sostenida y el trabajo conjunto entre profesionales y familiares pueden transformar la vida de un niño. Oriunda de Tapia, en el departamento Trancas, la pequeña llegó al Hospital Avellaneda a los pocos días de nacer, cuando sus padres advirtieron que no movía el brazo izquierdo. Comenzaba entonces un largo camino de consultas, tratamientos y aprendizajes, atravesado por la incertidumbre inicial, pero también por la esperanza y el compromiso de toda una familia.

    Hoy, después de años de tratamiento y una cirugía a los tres años, Sarita realiza sus actividades cotidianas, participa de la vida escolar y puede hacer actividad física como cualquier niña de su edad. Sus padres, Patricia Suárez y Juan Eduardo López, eligieron compartir su experiencia para agradecer la atención recibida y transmitir un mensaje a otras familias que atraviesan un diagnóstico similar: con paciencia, constancia y acompañamiento, es posible avanzar.

    El proceso se desarrolló en el consultorio interdisciplinario de Parálisis Braquial Obstétrica (PBO) del Hospital Avellaneda, integrado por la doctora Sabrina Campero, traumatóloga ortopedista infantil; la licenciada Blanca Clemente, kinesióloga y referente provincial de esta patología; la licenciada Emilia Nattero, psicóloga infantojuvenil, y la enfermera Graciela Escalante. A lo largo del tratamiento también intervinieron otros profesionales, entre ellos especialistas en terapia ocupacional, que acompañaron las distintas etapas de la recuperación.

    Una familia que nunca dejó de acompañar

    Patricia recuerda que las primeras señales aparecieron cuando Sara tenía apenas cinco días de vida. Mientras otros bebés movían ambos brazos al llorar, su hija solo podía mover la mano izquierda, sin lograr movilizar el resto del miembro. Ante esa situación, acudieron a la guardia del hospital, donde comenzó la evaluación y se les informó que la niña presentaba una posible parálisis braquial obstétrica. “Sentí miedo y angustia por esa nueva etapa que íbamos a empezar, pero sacamos fuerzas para que ella se mejorara. Esa era mi meta, que estuviera bien y recuperara el movimiento, porque es esencial para su vida”, contó la mamá.

    El diagnóstico implicó afrontar un tratamiento prolongado y, posteriormente, una intervención quirúrgica. Sin embargo, la familia encontró en el hospital un espacio de atención y contención que resultó fundamental para transitar cada momento. “Me tocaron excelentes profesionales. La doctora Campero, Blanquita, la kinesióloga, la doctora Constanza y quienes nos acompañaron nos trataron como si fuéramos una familia”, destacó Patricia, al recordar a los equipos que participaron en la recuperación de su hija.

    Pero el tratamiento no terminaba al salir del consultorio. La rehabilitación continuaba en casa y exigía que sus padres se involucraran activamente. Con creatividad y dedicación, transformaron los ejercicios en juegos para estimular los movimientos del brazo. Entre las actividades que realizaban, Patricia recuerda que colgaban globos de los árboles para que Sara intentara alcanzarlos y ejercitara su movilidad. También incorporaron la natación como parte de las actividades que acompañaron su desarrollo. “Es muy importante el apoyo de nosotros, los padres, para hacer la rehabilitación en casa”, explicó. Y agregó que, durante estos años, tuvo la oportunidad de conversar con otras madres que atravesaban situaciones similares y que sentían miedo ante el diagnóstico, la posibilidad de una cirugía o las exigencias del tratamiento.

    Por eso, su mensaje es también una forma de tenderles una mano: el acompañamiento familiar, la confianza en los profesionales y la continuidad de los ejercicios son fundamentales para transitar el proceso.

    El valor de trabajar en equipo

    El papá de Sarita, Juan Eduardo López, también recordó las dificultades de los primeros tiempos y el esfuerzo que implicó sostener el tratamiento durante casi cuatro años. “Al principio me costó mucho, porque ver que no movía el brazo era un tema grave para mí. Con el tiempo se fue recuperando hasta que me dieron la noticia del alta”, relató.

    Con la emoción de ver a su hija llevar una vida cotidiana sin limitaciones, agradeció a todos los integrantes del equipo que los guiaron durante el proceso. Su recomendación para otras familias es clara: “Deben tener mucha paciencia, ser constantes y hacer lo que dicen los médicos y los profesionales. El grupo que nos tocó estuvo formado por excelentes personas y profesionales que supieron guiarnos por el buen camino”.

    Para la doctora Sabrina Campero, a cargo del Servicio de Ortopedia Infantil del Hospital Avellaneda, la evolución de Sara refleja la importancia de abordar esta patología desde el nacimiento y de articular distintas especialidades.


    La parálisis braquial obstétrica es una lesión de los nervios que participan en el movimiento del brazo y que puede producirse durante el nacimiento. Su evolución varía según cada paciente: algunos niños recuperan completamente la función, mientras que otros pueden presentar secuelas que requieren tratamientos específicos. “Desde el primer momento, la paciente entra en contacto con el equipo de neonatología, que nos convoca a ortopedia infantil y rehabilitación. Ahí comienza el trabajo conjunto entre traumatólogos, kinesiólogos, psicólogos, enfermeros y otros profesionales”, explicó la especialista.

    Durante las primeras etapas, el objetivo es prevenir deformidades y contracturas, favorecer la recuperación de la movilidad y evaluar la evolución. Cuando resulta necesario, se consideran intervenciones quirúrgicas para mejorar la función del miembro afectado.

    Campero destacó que la rehabilitación y la participación de los padres son determinantes para alcanzar los mejores resultados. “Esto solos no se puede hacer. Necesitamos de la interdisciplina, de los kinesiólogos y, fundamentalmente, del trabajo de las familias. Los padres forman parte del equipo de rehabilitación”, afirmó.

    En ese sentido, subrayó que comprender la patología y conocer los objetivos de cada ejercicio permite que las familias acompañen con mayor seguridad y confianza. “Cuando el papá entiende la patología, el niño se recupera. Eso es lo más importante”, sostuvo.

    Rehabilitar también es acompañar

    La licenciada Blanca Clemente, referente provincial en parálisis braquial obstétrica, explicó que el consultorio funciona desde hace más de 20 años y que, durante los últimos ocho, consolidó su organización y su modalidad de trabajo. Además, señaló que se está conformando una red para mejorar la atención de pacientes con esta condición en la provincia.

    El circuito comienza cuando una institución pública deriva al niño al consultorio especializado. Allí se realiza la evaluación y se inicia el tratamiento conservador, con controles y seguimiento de acuerdo con las necesidades de cada paciente. Si la evolución se estabiliza y el equipo considera que es necesario, se analiza la posibilidad de una cirugía. Luego continúa la rehabilitación posquirúrgica. “Tenemos interdisciplina todo el tiempo. Desde el inicio del diagnóstico hasta el final estamos trabajando con distintos profesionales”, explicó Clemente.

    La especialista también destacó el valor del intercambio entre las familias durante la preparación para una eventual cirugía. En ese proceso se utilizan recursos lúdicos y espacios de encuentro con otros pacientes, incluidos niños que ya atravesaron una intervención, para que quienes deben operarse puedan conocer la experiencia y transitar esa instancia con mayor tranquilidad.

    El seguimiento es prolongado y puede extenderse hasta la adolescencia. A medida que los niños evolucionan, se busca favorecer su participación en actividades deportivas y acompañar su desarrollo integral.

    Desde el área de Salud Mental del Hospital Avellaneda, la licenciada Emilia Nattero cumple un papel fundamental en ese recorrido. Su trabajo consiste en acompañar tanto a los niños como a sus familias, ayudándolos a comprender el diagnóstico, procesar la información médica y expresar los temores que pueden surgir ante una cirugía o una rehabilitación prolongada.n“Muchas veces a los padres les llega mucha información y, cuando vuelven al consultorio, sienten que no comprendieron cómo va a ser el procedimiento. Entonces trabajamos sobre eso, sobre cómo recibieron la información, cómo la procesaron y qué miedos aparecen”, explicó.

    El acompañamiento psicológico contempla entrevistas individuales con las familias y espacios adaptados a los niños, en los que el juego permite abordar sus inquietudes. Cuando se prevé una intervención quirúrgica, el equipo procura que conozcan el hospital, la sala y a los profesionales que van a participar, para que puedan afrontar esa experiencia con mayor seguridad.

    La tarea continúa después de la cirugía, cuando es necesario sostener la rehabilitación y acompañar a los padres en las dificultades que puedan presentarse. De esta manera, la atención no se limita al tratamiento físico, sino que contempla también las necesidades emocionales de quienes atraviesan el proceso.

    Una historia que deja un mensaje

    La recuperación de Sarita es el resultado de un camino compartido. Detrás de cada avance hubo profesionales que evaluaron, trataron y acompañaron; padres que sostuvieron los ejercicios en casa; y una niña que creció atravesando cada etapa con el apoyo de su entorno.

    La experiencia también pone de relieve el alcance de la atención que brinda el sistema público de salud, donde el acceso a consultas especializadas, rehabilitación, cirugía y acompañamiento psicológico permitió que esta familia de Tapia transitara un tratamiento prolongado sin tener que buscar respuestas fuera de la red sanitaria provincial.

    En este marco, el Ministerio de Salud Pública de Tucumán, conducido por el doctor Luis Medina Ruiz, desarrolla acciones orientadas a garantizar una atención integral, con equipos interdisciplinarios que trabajan para responder a las necesidades de cada paciente. Esta labor se enmarca en las políticas sanitarias impulsadas por el gobernador Osvaldo Jaldo, que priorizan el acceso a los servicios de salud en toda la provincia.

    Antes de despedirse, Patricia volvió a expresar su agradecimiento a quienes acompañaron a su hija durante estos años. Su emoción resume el sentido de una historia que puede alentar a otras familias que recién comienzan este recorrido. “Muchísimas gracias, porque sin ellos no hubiéramos podido estar acá, con ella como está hoy en día. Estamos muy felices, muy contentos por ella”, expresó.

    Y aunque el camino estuvo marcado por el miedo inicial, las consultas, los ejercicios diarios y una cirugía, hoy la familia puede mirar hacia atrás con la tranquilidad de haber recorrido cada etapa acompañada. Sarita sigue creciendo, estudiando y disfrutando de su infancia.

    Su historia recuerda que detrás de cada tratamiento hay personas, vínculos y esfuerzos que no siempre se ven, pero que hacen una diferencia enorme. Y que cuando la atención profesional, la rehabilitación y el compromiso familiar avanzan juntos, los logros pueden cambiar una vida.