La familia de Florencia Sánchez encontró en la Casa de Tucumán en Buenos Aires mucho más que un edificio institucional: encontró contención, cercanía y un pedazo de su tierra.
En medio de un contexto tan complejo como el que atraviesa la salud de su hija, la familia de Florencia Sánchez encontró en la Casa de Tucumán en Buenos Aires mucho más que un edificio institucional: encontró contención, cercanía y un pedazo de su tierra.
Florencia, una adolescente de 14 años nacida en el departamento Leales, es paciente electrodependiente. Su historia está marcada por una enorme lucha: fue trasplantada de riñón en febrero de 2020 a raíz de un diagnóstico de lupus, y en 2021 contrajo COVID-19, lo que le dejó graves secuelas, entre ellas retraso madurativo e insuficiencia respiratoria.
Desde hace dos años se encuentra en tratamiento ambulatorio en el Instituto de Trasplante y Alta Complejidad (ITAC), en Buenos Aires, junto a sus padres, Romina Lorena Molina y Ramón Domingo Sánchez,.

En este difícil recorrido, la familia decidió acercarse a la Casa de Tucumán, buscando algo tan esencial como intangible: sentirse en casa.
Allí fueron recibidos por el representante oficial, Enrique Salvatierra, quien destacó el rol humano y social que cumple la institución y remarcó una línea de trabajo clara:
“Por indicación de nuestro gobernador, Osvaldo Jaldo, tenemos muy presente la importancia de acompañar a cada tucumano que está lejos de su terruño. Esta familia se acercó a través de la embajada tucumana buscando un poco de su tierra, en un momento muy duro. Y eso también es parte de nuestra función: ser un lugar de cobijo, de acompañamiento”.
La visita no fue solo institucional. Fue un encuentro cargado de emoción, donde la familia pudo reconectar con sus raíces, con su identidad, con aquello que muchas veces se vuelve imprescindible cuando todo lo demás tambalea.
Conmovida, su mamá, Romina , puso en palabras lo que significó este momento:
“Para nosotros no es fácil estar lejos, atravesando todo lo que le toca a Florencia. Venir acá fue como volver un ratito a Tucumán… sentir el cariño, que alguien te escuche, que te abracen sin conocerte. Eso no tiene precio. Nos hace sentir un poco más fuertes para seguir”.
En medio de tratamientos, incertidumbres y desafíos diarios, la historia de Florencia y su familia refleja una verdad profunda: cuando la distancia pesa, el sentido de pertenencia puede ser un sostén vital. Y en Buenos Aires, la Casa de Tucumán sigue cumpliendo ese rol silencioso pero fundamental, acompañando a quienes más lo necesitan.