La pediatra y emergentóloga infantil Florencia Arias explicó por qué la fiebre es un mecanismo de defensa del organismo, cuáles son los signos a los que los adultos deben prestar atención y cómo actuar ante convulsiones febriles para cuidar la salud de los más chicos.
La médica pediatra y emergentóloga infantil de la Dirección General de Gestión Sanitaria, doctora Florencia Arias, se refirió a la que constituye la principal causa de consultas por guardia.
La fiebre, inició explicando la doctora Arias, es un mecanismo de defensa del cuerpo: “No es el virus, la bacteria o cualquier enfermedad lo que nos hace tener fiebre, sino nuestro propio cuerpo que trata de hacer que aumente la temperatura, por eso se nos enfrían las manos, los pies, incluso los brazos y tenemos escalofríos para aumentar la temperatura a nivel de la cabeza y del tronco. Con esto nuestro cuerpo trata de matar a las bacterias y virus y de generar una inmunidad mucho más potente”.
Entonces, continuó lo especialista, lo indicado en caso de fiebre es asegurar que la persona no se sienta mal: “Es muy importante que nos aseguremos de que el niño esté tomando buena cantidad de líquidos, que esté jugando y hablando coherentemente y, en el caso de niños pequeños, fijarse si está aletargado, si llora poco, si no se despierta o está durmiendo de más o si está llorando todo el tiempo y no se calma en ningún momento, todas estas son cosas que nos tienen que llamar la atención. Otra es que aparezcan manchas en el cuerpo y que no desaparezcan cuando uno las aprieta, esas son señales muy importantes para ir a una guardia”.
Las convulsiones febriles, agregó, tienen características que hacen que se puedan prever. Los niños que tienen antecedentes de madre, padre o hermanos con convulsiones, tienen más posibilidades de hacer una convulsión o varias en su vida, sin que esto tenga que ver necesariamente con una enfermedad grave: “A veces pensamos que si una persona tiene una convulsión es debido a algo grave, pero en pediatría las convulsiones febriles, las comunes o típicas, que duran poco y mueven todo el cuerpo, no son eventos graves. Hay que consultar siempre que un niño tenga una convulsión febril, pero también hay que saber que no cada vez que se tenga fiebre va a hacer una convulsión febril, ya que tiene mucho componente hereditario”.
Cabe destacar que, cuando sucede un evento de convulsión, se debe poner de costado al niño, no permitir que se golpee y llevarlo al Caps, hospital o policlínica más cercano al domicilio para que lo atiendan.