Martes, 28 de abril, 2026
  • Hospital Avellaneda
  • El servicio de rehabilitación "me devolvió la libertad"

    28 Abr 2026 19:03
    La historia de Enrique Lucero es testimonio vivo de esa transformación.

    Enrique Lucero, un paciente al que le amputaron una pierna, volvió a caminar con la ayuda del trabajo de los profesionales del sistema público.

    En Tucumán, donde la salud pública se sostiene con vocación y compromiso, las historias de superación adquieren un valor profundo. Bajo la conducción del Ministerio de Salud Pública, a cargo del doctor Luis Medina Ruiz, y con el respaldo del gobernador Osvaldo Jaldo, el sistema sanitario provincial continúa transformando realidades, acompañando a quienes más lo necesitan.

    La historia de Enrique Lucero es testimonio vivo de esa transformación. A sus 66 años, este hombre que alguna vez encontró en el rugby una escuela de fortaleza, enfrentó uno de los desafíos más duros de su vida: la amputación de su pierna tras una grave afección circulatoria. En ese instante, el dolor no fue solo físico. “Sentí que todo terminaba”, recuerda, evocando aquellos días atravesados por la angustia y la incertidumbre.

    Pero la vida, como el deporte que marcó su juventud, le enseñó que siempre hay una jugada más. Y fue entonces cuando decidió levantarse, incluso antes de volver a caminar.

    El servicio de rehabilitación del hospital Avellaneda se convirtió en su segundo hogar. Allí, entre profesionales comprometidos y pacientes que comparten luchas similares, Enrique encontró contención, escucha y una nueva oportunidad. El licenciado Rodrigo Torrico, parte del equipo interdisciplinario, destaca que cada proceso es único: “Acompañamos desde lo físico, pero también desde lo humano. Porque detrás de cada paciente hay una historia que merece ser escuchada”.

    El camino hacia la recuperación estuvo marcado por la constancia, la fe y el esfuerzo diario. Hubo días difíciles, pero también pequeños logros que encendían la esperanza. Hasta que un día, casi sin darse cuenta, Enrique decidió soltarse. Bajó del auto, dejó atrás los temores y caminó. Solo. Libre.

    Ese trayecto de una cuadra hacia un café fue mucho más que un desplazamiento: fue una conquista íntima, una declaración de vida. La sorpresa en quienes lo conocían en silla de ruedas, la emoción contenida, la mirada firme. Todo hablaba de un renacer.

    “Me devolvieron la libertad”, dice conmovido, agradeciendo al equipo de salud, a su familia y a cada persona que lo sostuvo en el proceso. Su prótesis, lejos de ser un límite, se convirtió en una aliada para reconstruir su independencia.

    El hospital Avellaneda, con su servicio de rehabilitación, se consolida como un referente en la provincia. Equipamiento, profesionales y un enfoque integral hacen posible que historias como la de Enrique se repitan cada día, reafirmando el valor de un sistema público que no solo cura, sino que abraza.

    Hoy, Enrique camina con la frente en alto. Y en cada paso lleva un mensaje: siempre hay posibilidades. Solo hace falta coraje para dar el primero.